Sé que todo tiene un principio y un fin, pero nunca me gustaron los finales tristes, nunca me gustó marcar y decidir yo el final de nada. Odio ver que cuando unos libros te apasionan llegas al último, deseas leerlo, que pase todo y llegar corriendo al final. De hecho yo soy de las que leen el final cuando van por el principio, no se me dan bien las sorpresas.
Esa sensación de querer llegar al final para leer todo el intermedio se convierte en tristeza, tristeza por no querer que esa maldita última página termine, de no querer aceptar que ese libro se ha acabado, de querer que haya otro. A veces es bueno que no haya más libros porque ya no es lo mismo que los de antes y te cansas, te aburre la historia que antes te apasionaba, no siempre es bueno alargar las cosas que nos gustan por miedo a que se acabe. Pero a veces es bueno que haya alguno más, que la historia continúe. Pero no hay historia sin final.
Esa sensación de querer llegar al final para leer todo el intermedio se convierte en tristeza, tristeza por no querer que esa maldita última página termine, de no querer aceptar que ese libro se ha acabado, de querer que haya otro. A veces es bueno que no haya más libros porque ya no es lo mismo que los de antes y te cansas, te aburre la historia que antes te apasionaba, no siempre es bueno alargar las cosas que nos gustan por miedo a que se acabe. Pero a veces es bueno que haya alguno más, que la historia continúe. Pero no hay historia sin final.
